
No termino de salir del estupor, al ver continuidad y despilfarro en las estrategias digitales. Reproducen sin novedad, las mismas estrategias analógicas de los últimos cincuenta años, lo cual deriva resumiendo, en exactos resultados.
La ya insostenible metodología, pretende afirmar en paradigma superador, el discurso vacío (en boca de representantes institucionales), o en lanzamiento de operaciones electorales-digitales, viejas conocidas acciones modernizadoras. Ambas actuaciones organizadas, patrocinadas y motorizadas desde supuestas no lucrativas empresas, estrechamente vinculadas al títere de turno. En conjunto viene a significar, seguir adjudicando, donando (o regalando) dinero público a proyectos desconectados con la realidad social.
Muchas Fundaciones y símiles sin fines de lucro, han falsificado sus objetivos principales y comportamientos, llamando a mejorar la cosa pública en base al interés del lucro, y no a la convicción de los principios o el conocimiento.
Sucumbe el trabajo intelectual y profesional, en una especie de para-gobierno neo-analógico/Digital, corporativizado por unos plutócratas encaramados en las instituciones siempre dispuestos al populismo electrónico. Transformando una acción Institucional en una extensión corporativa del brazo ejecutor del yugo.
Esto lleva consigo algunas consecuencias superficiales y profundas. Entre las primeras el rechazo plausible a la participación de algunas convenciones y congresos, donde la financiación determina el contenido, y por tanto, no hay debate de ideas, sino de intereses.
Entre las consecuencias profundas, reconozco me cuesta plasmar la idea. Pero releyendo viejos libros encontré una frase que encaja perfecta: El progreso (de una comunidad) está por lo demás, en absoluta relación de dependencia con el grado ético alcanzado: establece una moral de las leyes y puede interpretarlas sabiamente. Para la vida pública esto significa el orden, la acción y el uso feliz de la libertad.
Puede que en occidente, al sur y al norte, el status jurídico de las Fundaciones y otras Ongs deba cambiar (incluso el entero tercer sector). La evidente ansia de lucro, el oscuro proceso de adjudicación de fondos públicos y/o privados, deberían constituir al menos un límite a quienes hablan de Gobierno, en especial los parlantes del gobierno electrónico, la transparencia y la apertura.
El desgaste literario, la malformación conceptual y la agitación desmedida, están lastrando el significado del gobierno electrónico, y la posición intelectual de quienes se dedican a la materia.
Esta descapitalización es producto del afán de beneficios de empresas y cuasi-empresas dedicadas a las acciones de marketing y gobierno, y agentes socio-políticos sin comprensión de la seriedad de tales emprendimientos. A nadie se le escapa que estos mismos son quienes prefieren control a gobierno, opacidad a transparencia y candados a apertura. Por tanto, es hora de poner el ojo en la organización, mirar bien nuestras/vuestras fundaciones, y desasnarnos un poco más…