El riesgo al que se ve sometido el sector público de continuar en la estrecha gobernanza es ampliar las disfunciones, las cuales se ven incrementadas por la inmensa presión desarrollada desde actividades del sector privado (incluidas del sector semi-público).
Mientras la ciencia política no se expresa con claridad o vehemencia al respecto, gran parte de la literatura se está escribiendo desde visiones economisistas y empresariales, impulsando una perspectiva centrada en un gobierno 2.0 management–centrica, convocando la figura del intrapreneurship desde dentro del propio sector público, en funcionarios y los políticos.
Este enfoque intenta persuadirnos que el verdadero empoderamiento de los ciudadanos pasa por la difulminación del gobierno en un híbrido compartido de datos en y con la WWW, donde el espacio público ocupa un porcentual de influencia, menor.
Estos proyectos se ajustan a la gestión de herramientas compartidas con especial facilidad en las denominadas redes sociales, las cuales (empresas privadas) tienen:
1) Aparente capacidad suficiente para captar la confianza de los ciudadanos,
2) Capacidad de satisfacer mediante sus repositorios la actividad digital de los mismos y,
3) Capacidad de preservar los datos que ceden a estas empresas.
Todos estos beneficios tienen además el incentivo de productividad que otorga el plus extra de eficiencia y eficacia de la gestión privada y sus managements, apartada de las limitaciones que el derecho público impone a las agencias del Estado bajo la lógica burocrática de fijar deberes y responsabilidades al rol de los gestores.
El avance literario no hace más que excavar la insatisfacción de los ciudadanos respecto de las insuficientes acciones del Estado (gobernanza estrecha) en el contexto que presenta la crisis. No debe extrañarnos las predicciones que circulan, en cuanto a.
1) Que las redes sociales serían las depositarias de la confianza ciudadana,
2) Que el reemplazando los canales que puedan proponer los gobiernos en línea (eGobierno), será ocupada por Facebook y similares.
3) Que la multidimensional web 2.0 pueda desdibujar los límites del gobierno.
Todo ello, implica una privatización de canales de comunicación justificada en las palabras de avezados analistas que insisten en tratar a los ciudadanos como clientes. Además, de una privatización del espacio público en el que las conversaciones puedan recrearse.
El avance en la visión neoempresarial se eleva más la turbia definición limítrofe entre la web 2.0 y la incongruencia gubernamental en sus comunicaciones, que por oscuras acentúan el problema.
El error fundamental de quienes hacen, deciden y ejecutan las acciones de eGobierno hacia las redes sociales desde el sector público en su dimensión política y administrativa, como parte de la moda actual, es creer que abordando las mismas despejan las molestias de insatisfacción social de apertura del gobierno.
Un ejemplo típico de estas acciones, son las que se desarrollan con carácter lúdico y/o en la periferia de las decisiones, con el puro objeto de estar y publicitarse en las redes, con motivaciones sectoriales (partidarias) o políticas (publicidad de actos del gobierno), no de una posibilidad opening.
Esta corriente literaria que promueven muchas empresas para hacerse con partes del negocio de contratos públicos, en las que se enrolan cada día más profesionales, tiene un origen doctrinario e ideológico en las corrientes del neoliberalismo acentuado en los 90´desde adeptos a la nueva gestión pública.
Desde el punto de vista empresario, profesional y ciudadano, es necesario reflexionar si este avance sobre el corazón de la “cosa pública”, su propio espacio, pueda dejarnos atrapados en un túnel de salida única: El mercado, el cual no es justo ni democrático, no ha producido satisfacciones en la atención de clientes desde vías electrónicas como puede notarse en las empresas de conectividad de Internet.
Esta es una crítica fundamental que se hace desde las corrientes neopúblicas de la NGP (que también existe), que pone el acento en la necesidad de intervención política y social en la gestión de las decisiones (aspectos más sociales), no oponiéndose al ámbito privado sino apalancándose en nuevos compromisos públicos desde una visión recreada desde las partes en el cuidado colectivo de los intereses comunitarios.
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[...] Hasta aquí, salvada la cuestión de la virtualidad y la comunicación, es visible que una plataforma no puede ser un eGobierno, y al mismo tiempo es notorio que el gobierno electrónico es más que una apuesta de virtualización. [...]
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