Llegando a las oposiciones de este año 2010, con sus escasas plazas, se evidencian actitudes de irresponsabilidad en muchos funcionarios, que intentan evadir la participación que como servidores públicos deben asumir.
La posibilidad de comenzar las vacaciones con anterioridad, el desgano de formar parte de los tribunales de oposiciones requeridos por el Estado, manifiesta que la mera administración electrónica no soluciona nada…
Y la cadena de irresponsabilidades se forma desde arriba hacia abajo. Justificaciones mediante (certificados médicos, escusas por objetividad, etc., etc.) son alguna formas de evadir el trabajo por parte de unos, y de aceptar la evasión por parte de otros, quienes deben oficiar como contralor del cumplimiento de los procedimientos.
Así llaman algunos hijos de los contribuyentes a nuestras funcionarias…
Funcionarias de choque, así podríamos denominar a aquellas mujeres, a las que la sociedad contrata sus servicios por medio del Estado, entre lo cuales no están estipulados los de soportar insultos, conductas irrespetuosas y el envilecimiento de su persona.
Mujeres expuestas a estas conductas que parten de una decadencia generalizada del trato humano, y en riesgo incluso, de agresiones mayores. Sin duda, no es más que un rasgo común de un occidente que aunque lo niegue u oculte, parece haber perdido la brújula.
Gran parte de las funcionarias, en toda la organización pública multinivel y de muchos Estados, en posición constante al contacto con la realidad social, el trabajo de campo y no precisamente de escritorios y despachos, ven sus motivaciones, sus trabajos, y sus estructuras de conocimiento, desparramados ante una tensión creciente, que proviene desde muchachos de institutos, como de sus padres, usuarios de los servicios públicos.
Si bien se abordó con gran énfasis desde 1950, el rol que el Estado debía cumplir ante los avances de la tecnología y sus efectos sobre las sociedades, no queda del todo claro, en tanto Instituciones de Gobierno democráticas.
Distintas corrientes abordan temática, estructuralistas, conservadores, neoinstitucionalistas, neoempresariales, pero el papel del Estado, se ve constantemente influenciado por los mandatos de agentes superpuestos.
Por un lado, organismos internacionales recomiendan políticas y califican el hacer de los Estados, y por otro, los mercados dictaminan con creciente soberanía, las necesidades que los Estados deben cubrir a sus expectativas.
Esta concesión constante de soberanía a una nube llamada globalización, alejó el centro de decisiones de los Estados, pero fundamentalmente la quita de la órbita de los ciudadanos.









