La baja productividad de la economía española es preocupante, en el sector público es alarmante explica Alejandro Bolaños en El País, siendo España el tercer gran caso de recorte al funcionariado público en el mes, luego de Grecia y Rumania.
Sin embargo, el recorte está destinado a que las cuentas públicas cuadren de acuerdo a los requerimientos de Europa. No se habló de incrementar la productividad y con ello la competitividad del sector, para eliminar esos privilegios desmedidos en algunas partes, que soportan el sector privado y social; tampoco del impacto social de dichos recortes por países…

El enorme problema de la apertura del gobierno, de la visión hacia nuevas formas de organización, y entre ellas el gobierno electrónico, se encuentra en la sensibilización.
Vemos que las etiquetas como las alertas en google advierten ya cada semana de innumerables acciones, las cuales no logran que el ciudadano sienta inquietud respecto de esta problemática que aún cuando no la perciba, le influye.
Además, la gerencia política, como funcionaria, no alcanzan a vislumbrar por completo hacia donde se dirige la prospectiva del gobierno electrónico, quedándose en las más de las veces en la simple reforma de procedimientos administrativos, que aunque un logro, es escaso.
Puede entenderse que los administradores tengan preocupación sobre que servicios, que métodos, a quienes se dirigen y que resultados esperar, resulta su función específica. Pero la clase política continua en “babilonia”, sin comprender los alcances de la apertura necesaria.
Tengo la impresión que como se interroga Andrés correctamente, es posible que la ciudadanía preocupada en otros asuntos del día a día, o distraída por las zanahorias de las redes sociales, no alcance un estadio crítico suficiente para exigir algo más que servicios. La cuestión es que aún así, la evolución no se detendrá a esperarnos..
Tampoco se detendrá a preguntarse que hacemos con los recursos, tantas veces desperdiciados en acciones superficiales. Simplemente, no se detendrá y encontrará por los rincones a la gerencia política llorando por aquello que pudo ser, y no es…
Esta semana observo una cantidad de post que tratan el Open Government y que se relaciona con Obama por una cuestión de idioma y poro la directiva que el presidente americano (texto oficial).
Me percato que esta lectura es redundante, la misma que a fines de 2008. En pocas palabras, remembranzas de lo leído y las últimas gotas de jugo de un tema que se agita, se dice, pero al parecer se agota… Digo esto ya que en concreto, en material de muestra, se torna escaso y ficticio.
La cuestión de la transparencia es curiosa y central. Dijimos que las organizaciones no tienen una cultura, sino múltiples culturas que se amalgaman y que la mayor influencia que reciben es del contexto social en que desarrollan su actividad.
Ergo, la cultura pública es influida por una cultura social. En el caso americano, esa exaltación del individualismo es la marca de la cultura general y de la cultura pública. Ahora bien, puede Obama hacer hincapié en la “transparencia”, pero en el seno social un puñado de dólares vuelve la transparencia es un concepto efímero.
El riesgo al que se ve sometido el sector público de continuar en la estrecha gobernanza es ampliar las disfunciones, las cuales se ven incrementadas por la inmensa presión desarrollada desde actividades del sector privado (incluidas del sector semi-público).
Mientras la ciencia política no se expresa con claridad o vehemencia al respecto, gran parte de la literatura se está escribiendo desde visiones economisistas y empresariales, impulsando una perspectiva centrada en un gobierno 2.0 management–centrica, convocando la figura del intrapreneurship desde dentro del propio sector público, en funcionarios y los políticos.
Este enfoque intenta persuadirnos que el verdadero empoderamiento de los ciudadanos pasa por la difulminación del gobierno en un híbrido compartido de datos en y con la WWW, donde el espacio público ocupa un porcentual de influencia, menor.
Estos proyectos se ajustan a la gestión de herramientas compartidas con especial facilidad en las denominadas redes sociales, las cuales (empresas privadas) tienen:
1) Aparente capacidad suficiente para captar la confianza de los ciudadanos,
2) Capacidad de satisfacer mediante sus repositorios la actividad digital de los mismos y,
3) Capacidad de preservar los datos que ceden a estas empresas.
Todos estos beneficios tienen además el incentivo de productividad que otorga el plus extra de eficiencia y eficacia de la gestión privada y sus managements, apartada de las limitaciones que el derecho público impone a las agencias del Estado bajo la lógica burocrática de fijar deberes y responsabilidades al rol de los gestores.







