Si bien se abordó con gran énfasis desde 1950, el rol que el Estado debía cumplir ante los avances de la tecnología y sus efectos sobre las sociedades, no queda del todo claro, en tanto Instituciones de Gobierno democráticas.
Distintas corrientes abordan temática, estructuralistas, conservadores, neoinstitucionalistas, neoempresariales, pero el papel del Estado, se ve constantemente influenciado por los mandatos de agentes superpuestos.
Por un lado, organismos internacionales recomiendan políticas y califican el hacer de los Estados, y por otro, los mercados dictaminan con creciente soberanía, las necesidades que los Estados deben cubrir a sus expectativas.
Esta concesión constante de soberanía a una nube llamada globalización, alejó el centro de decisiones de los Estados, pero fundamentalmente la quita de la órbita de los ciudadanos.
Mientras emergían hacia 1997 las andanzas de muchos novatos en Internet (me incluyo), pensamos que la organización marginal de alguna forma de opinión libre, plural, elevaría a la cúspide de la agenda pública, la deliberación sobre prioridades que se encierran en círculos más o menos permeables, políticos y sociales. Y todo ello, cuando la actividad social estaba cuestionada por una liberalísima y capitalista NGP que sofocaba todas las argumentaciones.
Instalada la Web Social, la masa crítica estaba en su punto, avanzaba, pero ingresaron las empresas de agitación, quienes trabajaban de agitadores, algo así como mercenarios virtuales que actúan como un ejército profesional. Objetivos, bombardeo, resultados…
La libertad de prensa se transformó en libertad de empresa, y en agitación de corrientes, a cuyos efectos pagados por partidos políticos con fondos públicos, es corrupción, por cuanto el beneficio es de una organización privada o semi-pública (social, pero no pública).
Las cuestiones técnicas dan que hablar, tanto como las definiciones. Lo cierto es que un excelente post de Ramiro Nahuel Pol explica su smotivos para oponerse al eVoto.
Desde ya nos sumamos a la mirada crítica, aunque con la reserva de puntualizar que en determinadas ocaciones podría resultar útil. La funcionalidad depende a cada proceso al que se aplica.
Ya expresamos con anterioridad nuestra oposición a la utilización del eVoto en una elección de alcances considerables. La mezcla de conceptos entre “gobierno abierto, electrónico y tecnología, sumados a técnicas, software y economía” continua siendo confusa.

El enorme problema de la apertura del gobierno, de la visión hacia nuevas formas de organización, y entre ellas el gobierno electrónico, se encuentra en la sensibilización.
Vemos que las etiquetas como las alertas en google advierten ya cada semana de innumerables acciones, las cuales no logran que el ciudadano sienta inquietud respecto de esta problemática que aún cuando no la perciba, le influye.
Además, la gerencia política, como funcionaria, no alcanzan a vislumbrar por completo hacia donde se dirige la prospectiva del gobierno electrónico, quedándose en las más de las veces en la simple reforma de procedimientos administrativos, que aunque un logro, es escaso.
Puede entenderse que los administradores tengan preocupación sobre que servicios, que métodos, a quienes se dirigen y que resultados esperar, resulta su función específica. Pero la clase política continua en “babilonia”, sin comprender los alcances de la apertura necesaria.
Tengo la impresión que como se interroga Andrés correctamente, es posible que la ciudadanía preocupada en otros asuntos del día a día, o distraída por las zanahorias de las redes sociales, no alcance un estadio crítico suficiente para exigir algo más que servicios. La cuestión es que aún así, la evolución no se detendrá a esperarnos..
Tampoco se detendrá a preguntarse que hacemos con los recursos, tantas veces desperdiciados en acciones superficiales. Simplemente, no se detendrá y encontrará por los rincones a la gerencia política llorando por aquello que pudo ser, y no es…









